Convocatoria asamblea docente
Convocamos para el próximo viernes 22 a las 17 horas a asamblea para evaluar y reflexionar colectivamente sobre el paro de la semana pasada y pensar las acciones que debemos llevar adelante en este segundo cuatrimestre.
Además, queremos compartir un documento con reflexiones que han surgido desde principio de año, fruto de debates y experiencias en la UNAJ. Este material busca abrir un espacio de discusión entre nosotrxs y también fortalecer el debate sobre el futuro de la universidad en las aulas, acercando estas cuestiones a lxs estudiantes.
Creemos que es fundamental dar espacio a todas las voces y que construyamos estrategias que reflejen nuestras necesidades y aspiraciones como trabajadorxs docentes y como parte de la comunidad universitaria.
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REFLEXIONES
Este conjunto de reflexiones fueron apareciendo en diferentes instancias de participación organizadas por ADEIUNAJ, y no representan necesariamente la posición del sindicato o de quienes forman parte de la comisión directiva. Intentamos exponerlas con la mayor honestidad intelectual, como un humilde aporte en el sentido de pensarnos como docentes en lucha en el contexto actual.
Durante este año, en distintos encuentros, se dieron interesantes discusiones sobre cómo caracterizar el momento, cómo encarar la coyuntura y cómo posicionarnos con relación al resto de la comunidad, en especial en el aula frente a lxs estudiantes.
Luego de una semana completa de paro docente como primera medida de reclamo en este segundo cuatrimestre, exponemos una síntesis de algunas de las discusiones más relevantes para reflexionar o debatir en las comisiones.
¿Sirven los paros como medida de fuerza en la Universidad?
La discusión sobre los objetivos y la utilidad de los paros en la UNAJ es recurrente. En asambleas y reuniones docentes solemos escuchar que “el paro sólo perjudica a docentes y estudiantes”, o que “el gobierno lo que quiere son las universidades vacías”.
Seguramente si evaluamos la utilidad de los paros en base a los aumentos salariales conseguidos llegaríamos a la conclusión de que no han sido efectivos. Sin embargo, en este contexto de asfixia presupuestaria que atraviesa la universidad pública, no podemos perder de vista la lucha que estamos sosteniendo: por el valor de la Universidad y por el reconocimiento de nuestro trabajo dentro de ella.
Sabemos que la universidad pública es una institución prestigiosa y reconocida por la sociedad argentina, algo que quedó en evidencia en la multitudinaria marcha del 23 de abril de 2024. Por esto, parece importante poner en debate la relación de las universidades públicas con el modelo de país pretendido. Es claro que no cualquier modelo de país requiere la cantidad y distribución geográfica de graduadxs universitarios que puede formar el actual sistema de universidades públicas argentinas.
Así como se puede afirmar que nuestra lucha no ha logrado resultados materiales significativos, también es cierto que hemos logrado poner de manifiesto que el gobierno de Milei desprecia las universidades públicas, la salud pública (Garrahan), a lxs jubiladxs, y a las personas con discapacidad.
Desde las primeras asambleas de la era Milei –e incluso antes del ballotage– hemos discutido en torno a qué postura tomar en las aulas. Pensar la lucha de esta manera nos obliga también a reforzar la creatividad para involucrarnos en los distintos caminos de disputa de sentido.
El rol de los sindicatos docentes universitarios en el contexto actual
Enfrentar este contexto de violencia, crueldad y desprecio por todo tipo de intención solidaria o colectiva implica un desafío muy grande para organizaciones que fuimos pensadas como espacios de disputa de condiciones de trabajo y salario. Una cosa es enfrentar patronales que comparten la utilidad de la universidad pública, con las que los acuerdos pueden terminar en esa consigna, pero otra muy distinta es enfrentar a personajes que la desprecian porque la universidad pública no forma parte –en ninguna de sus variantes– del proyecto de país que defienden.
El achicamiento del sistema universitario público, vía privatización o arancelamiento, son alternativas que resultarían más coherentes con el modelo que lleva adelante el gobierno actual. En este escenario, nuestra actividad excede el reclamo salarial y debemos encarar la representación por la necesidad social de la universidad y por la trascendencia de la educación superior y de la ciencia.
Las condiciones de nuestro trabajo pedagógico
Hay temas que aparecen de forma recurrente en las asambleas: la modalidad semipresencial adoptada en la UNAJ, las tasas de aprobación de las materias que dictamos y el tipo de vínculo que percibimos que lxs estudiantes establecen con la universidad.
Muchas cuestiones se naturalizan en el día a día, pero son interrogantes que nos hacemos individual o colectivamente: ¿qué se pretende de la virtualidad?, ¿qué pasa con los contenidos que dejamos de dar en la pandemia y nunca recuperamos?, ¿cómo resolver el problema de las aulas vacías?, ¿y la falta de aulas?, ¿qué pasa con la IA?, ¿qué implica el sistema de créditos?, ¿cómo cumplir con las tareas de investigación o vinculación cuando el total de nuestra carga horaria está destinada a la enseñanza?
Estas preguntas ponen de manifiesto la necesidad de espacios de discusión sobre temas académicos y de mayores mecanismos de participación. Como gremio nos hemos dado a la tarea de generar estos espacios de discusión en torno a lo pedagógico, espacios abiertos en los que también podamos poner en discusión nuestras experiencias, nuestro rol en la educación y las prácticas que resulten adecuadas al contexto en que trabajamos, teniendo siempre presente la realidad de nuestrxs estudiantes. Esta iniciativa está destinada a atender uno de los aspectos de la representación gremial que el momento necesita.
La Universidad como hecho colectivo
Gran parte del desprecio hacia lo público, en favor de lo individual, se relaciona con los estilos y formas de comunicación propios de la pospandemia y con la irrupción masiva de las redes sociales en la vida cotidiana. Son fenómenos que exceden lo local y que –con sus variantes– se vienen desarrollando en distintas partes del mundo, afectan tanto las condiciones en las que damos la pelea política, como la forma en la que desarrollamos nuestro trabajo.
Más que nunca debemos reforzar la idea de la universidad como un hecho colectivo, nuestro trabajo y su resultado no son espacios estancos (el “toco y me voy” al que nos mueve este contexto). Confiar en esta idea implica pensar cómo generar instancias de encuentros, de (re) conocimiento del otrx y de fortalecimiento de nuestra vivencia de la universidad.
El gobierno, en su batalla cultural, cuestiona acuerdos fundamentales de nuestra sociedad. Hoy intenta reemplazar el concepto de universidad pública como un derecho (alcanzable con esfuerzo), por la idea de un servicio que pretende funcionar ignorando las realidades de quienes la hacen y de los propios recursos asignados a la institución.
Desde esta mirada, el compromiso de defender la universidad como comunidad universitaria queda muy lejos. Tanto en las aulas como en otros espacios que podamos generar –y a pesar de los fantasmas del control ideológico– debemos poder dar estas discusiones, encontrar la forma de polemizar con nociones sobre quién se perjudica con el paro, quién pierde tiempo o cuál es la trascendencia social y política de una institución como la universidad, más allá de la circunstancia presente.
Al desafío de construir una verdadera comunidad universitaria con lxs estudiantes, se suma la realidad de que el 73% de las dedicaciones en la UNAJ son semis o simples, con sueldos muy bajos que llevan al pluriempleo y complican las posibilidades de muchxs docentes de ser parte activa en algunas de las iniciativas que intentamos poner en debate en estas líneas. Ese es nuestro desafío.
