VIRTUALIZAR ¿PARA QUÉ? ¿PARA QUIÉN?

Es innumerable la cantidad de comentarios que escuchamos y leemos en mails, grupos y “encuentros” virtuales.
Frente a la epidemia la reacción del ala más conservadora de la educación fue refugiarse en la productividad y seguir como si nada. El espacio más inclusivo apeló a no dejar enfriar el vínculo ni el entusiasmo. En todos los casos, el efecto inmediato fue SEGUIR MANTENIENDO LA PRODUCTIVIDAD. Hacer como si se pudiera trascender normalmente la anormalidad. Y se escucha frecuentemente que «esto vino para quedarse».

Las y los docentes de la UNAJ decidimos inorgánica y colectivamente sumarnos, cumplir con ese compromiso que nos impulsa a no dejar a nadie afuera, de hacer los esfuerzos necesarios para que la Universidad esté entre y con las y los estudiantes. ADEIUNAJ aportó ideas, recursos y esfuerzos para sostener el proceso de virtualización convencidos/as como estamos de que la universidad tiene otros roles además del educativo para cumplir. Así fue y pudimos dar espacios de reflexión para estudiantes, de pensar esta anormalidad, canalizar demandas por violencia de género, y sobre todo hablar que resulta esencial en estas condiciones.


Como nos repite mucha docencia comprometida con sostener nuestro proyecto de educación universitaria inclusiva «virtualizamos para la emergencia, no queremos que las y los estudiantes aprendan a manejar el campus, queremos que desarrollen el pensamiento crítico, el conocimiento situado, la reflexión emancipadora»

Y logramos poner a andar la universidad en un descomunal esfuerzo para virtualizar más de 500 materias y miles de comisiones que aún hoy a 15 días de iniciadas las clases, en muchos casos no terminan de completarse y de docentes que no pudiendo acceder al campus, han comenzado a construir espacios por Facebook, whastapp, Instagram, clasroom y Zoom.

Luego de más de un mes de frenética labor por alcanzar a lanzar la educación virtual, no podemos ocultarnos el hecho de que cambiaron nuestras condiciones, formas y tiempos de trabajo.

Esta situación nos demanda reflexión, discusión en conjunto con la parte empleadora. También respecto de los efectos o espurios aprovechamientos que, vuelta algún tipo de “normalidad”, se pretenda instalar lo excepcional como norma. Como se dijo al principio, no todos sostuvieron esta reacción refleja de “seguir” con las mismas intenciones ni con las mismas expectativas.

Se impone, entonces, comenzar a reflexionar sobre este presente y sobre el futuro mediato: ¿Qué tipo de enseñanza queremos? ¿que formación ofrecemos? ¿hay mas inclusión con la virtualidad?¿a quién beneficia esta forma de educación?¿que tipo de trabajo docente se promueve?.

Asumir que frente a la emergencia estamos haciendo lo correcto no implica negar que un encuentro por zoom no es una clase, que la virtualidad amplía la brecha de la exclusión, que muchos y muchas estudiantes no poseen computadoras para escribir siquiera, entre muchas otras consideraciones.

La universidad se debe la reflexión también en cuanto a que el trabajo virtual no es neutro en términos de género, dando lugar a situaciones complejas; ni neutra tampoco ante la rampante desigualdad laboral en términos de condiciones de contratación en la UNAJ con mas del 60% de docentes precarizades (contratadxs por locación de “obra”); que no todes disponen de medios, instrumentos y conocimientos para sostener esta modalidad; que nos falta respaldo técnico, capacitación y capacidad de respuesta en las demandas.

Para abonar a este debate que comienza, compartimos estas reflexiones de la Internacional para la Educación Superior de América Latina y el Caribe (IESALC de la UNESCO) al que podes acceder desde aqui.

También y como siempre, creemos que el debate se puede enriquecer desde múltiples perspectivas y necesidades en particular la estudiantil. Por eso compartimos un artículo periodístico muy sintético y mejor logrado para que, cuando algún compañere lo crea pertinente, pueda compartirlo con nuestros estudiantes y sumar a su propia mirada otras.