UNAJ FUTURA. Aportes para la discusión sobre la vuelta V

Magalí Turkenich

VOLVAMOS MUJERES. UNIVERSIDAD FUTURA, SINDICATOS Y GÉNERO

En este breve apartado tiraremos de algunos de los hilos propuestos en una intervención reciente por Dora Barrancos. Con claridad y generosidad, planteó algunos aspectos fundamentales sobre el rol de nuestros sindicatos que nos convocan a profundizar el camino que venimos construyendo como trabajadoras y trabajadores de la educación. Hay aquí varias pistas para pensar la universidad y el sindicalismo que queremos.

Barrancos hizo un recorrido histórico sobre la representación de mujeres y diversidades en las asociaciones gremiales docentes. Nuestros lugares minoritarios en las conducciones y los espacios típicamente asignados en función de la persistencia de estereotipos de género.  Este aspecto que se extiende al arco general del sindicalismo y que no es exclusivo de nuestras organizaciones llama particularmente la atención en un ámbito laboral altamente feminizado como la educación pues, cristaliza aún más la jerarquización de las relaciones y representaciones en la vida sindical. Sin embargo, acá estamos, pensándonos, poniendo el cuerpo, transformándonos a nosotres mismes y a nuestras organizaciones porque creemos y sabemos que, en palabras de Dora, “es imposible pensar una sociedad democrática sin pensarla desde relaciones democráticas de género”. La política de justicia social es una política de derechos y como tal, inseparable de una perspectiva de género y diversidad que atienda las múltiples intersecciones.

Ahora bien, planteado este aspecto referido a la participación de mujeres y diversidades en los espacios sindicales, su reflexión giró sobre dos cuestiones centrales respecto del rol de nuestros sindicatos en clave feminista. 

De un lado, la lucha por la conquista y defensa de derechos de las trabajadoras y trabajadores. Como feministas queremos espacios de trabajo igualitarios, libres de violencias y con representaciones paritarias. Nos hemos organizado, hemos construído y puesto en práctica protocolos de prevención y actuación ante situaciones de violencia de género al interior de nuestras organizaciones y en nuestros ámbitos de trabajo, licencias específicas por violencia de género y propugnamos por garantizar condiciones que nos permitan desarrollar nuestras carreras sin necesidad de tener que optar entre la vida personal y la vida profesional: esto es transformar a nuestras instituciones en ámbitos que atiendan a la necesidad de organizar socialmente las tareas de cuidados.

De manera entrelazada a nuestros derechos y nuestras condiciones de trabajo y en tanto trabajadoras y trabajadores de la educación, Dora Barrancos señaló una segunda dimensión sobre la que urge que reflexionemos e intervengamos: el diseño curricular y la discusión y promoción de una enseñanza universitaria inclusiva y de calidad.

Estos tópicos nos llevan a poner la mirada sobre los proyectos educativos de nuestras instituciones y sobre los modos de organización de los procesos de enseñanza y aprendizaje, la producción de conocimientos e intervención en nuestros territorios y poner de relieve una cuestión que ya venimos planteando: todo proyecto académico es esencialmente un proyecto político y por tanto ¿qué aportes podemos hacer desde nuestro lugar? ¿qué implica pensar una educación feminista? Cómo docentes, investigadoras. investigadores y extensionistas que actuamos con determinados paradigmas conceptuales, sociales, culturales, ¿desde dónde y hacia dónde orientamos nuestro trabajo? ¿qué sentidos se expresan en nuestras prácticas? ¿qué sujetos formamos y cómo?

Un aspecto crucial donde poner el foco se refiere específicamente a la vinculación entre los planes de estudio de las carreras y las transformaciones sociales. Sabemos que contamos con núcleos formativos que hoy han quedado caducos y desfasados de las realidades sobre las que pretendemos análisis crítico y transformador. Un ejemplo de ello es la mirada androcéntrica que oculta los aportes y las problemáticas planteadas por mujeres y diversidades, un mundo pensado desde un universal masculino que deja por fuera a los distintos entramados sociales y oculta las brechas de género en todos los niveles. Podríamos enumerar un sin fin de ejemplos, pero basta con mencionar el ejemplo que D. Barrancos puso sobre la mesa: la formación en derecho. Pero lo mismo podríamos decir de la formación en salud, las ciencias sociales o las ciencias exactas. En suma, es nuestro lugar también la intervención en las discusiones sobre el currículum formal, el que se da efectivamente en la práctica y también de manera oculta.

Este planteo nos convoca a su vez a reapropiarnos de la discusión de la calidad universitaria, resemantizar el concepto y expropiarle el contenido que el neoliberalismo le otorgó. ¿Es la calidad un standard para testear la convergencia de las universidades a un sistema productivo desigual? ¿es un proyecto de calidad aquel que se rige por parámetros que fomentan la exclusión y premian la supervivencia del más fuerte?

Calidad para nosotres es sinónimo de poder llevar adelante una praxis transformadora permanente, formarnos y formar sujetos críticos que puedan acceder a recursos teóricos y prácticos que expresen las multiplicidad de voces de nuestras sociedades y -principalmente- que se posicionen desde un paradigma inclusivo e interseccional en el que todes puedan transitar sus trayectorias académicas en condiciones dignas.

El escenario de la virtualización de nuestras prácticas ha dejado al desnudo la distribución desigual de recursos educativos. Es hora que los nuevos tiempos por venir puedan proyectarse y definirse tomando nota de esta experiencia y por sobre toda las cosas configurando un futuro donde todas, todos y todes seamos protagonistas de la universidad que queremos.

Una universidad nacional, popular y feminista.